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El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde Gabriel Miró

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La llegada de un nuevo hermanito

La llegada de un hermanito o de una hermanita es un acontecimiento que comporta una gran alegría y unos enormes cambios. La vida de la familia se trastorna por completo, debido al cambio del ritmo de vida impuesto por el recién llegado y es normal que sea precisamente el hijo mayor el que se resienta en mayor medida de esta novedad.

El recién nacido concentra toda la atención, los cuidados y el afecto de todos, y la vida familiar empieza a regularse en función de sus necesidades. ¿Cómo no va a experimentar tu hijo mayor como mínimo unos pocos celos hacia el pequeño, con el que tendrá que compartir a sus padres y el amor de todos, que hasta ahora sólo estaba dirigido a él?

Para los hermanos mayores, la llegada de un hermano requerirá la atención de los padres y provocará muchas veces resentimiento y mucha angustia. Su aceptación va a depender de la forma en cómo se maneje el anuncio del embarazo, la forma de integrarlo durante todo el desarrollo del mismo y la forma de presentárselo después del nacimiento, tratando que la incorporación del nuevo integrante de la familia no cause estragos el grupo familiar.

Si preparas a tu hijo para la llegada del recién nacido, le ayudarás a aliviar sus temores y será mucho más fácil que todos compartan la alegría del nacimiento.

El papel del hermano mayor

Antes todo giraba en torno al hijo mayor. Ahora este rol va a desaparecer y va a surgir el rol de hermano mayor que debe ayudar, portarse bien, cuidar del hermano, etc. Muchos niños van a rebelarse ante esto y van a ocasionar problemas de conducta en los meses de embarazo y posteriores. El niño debe sentirse querido y mimado igual que siempre y para ello los padres deben estar muy pendientes de él y dejarle involucrarse en las cosas que tengan que ver con la llegada del nuevo hermano. De este modo lo vivirá como algo que también es de él y no sólo de los mayores. Si le involucramos en cositas sencillas se sentirá importante y verá que le valoramos.

El niño que tiene que enfrentarse a un nuevo miembro de la familia que él no ha elegido, va a desarrollar una serie de factores a nivel emocional que afectarán a su comportamiento diario.

A menudo se sentirá sólo o dado de lado, creerá que ya no es importante para los mayores y su autoestima bajará en estos momentos, aparecerán miedos al rechazo o al abandono y los padres tendrán que poner especial cuidado en comentarios que puedan herir al niño. Aunque parezca que está a lo suyo los niños lo están escuchando todo y se dan cuenta de lo que hacemos y decimos.

Pasar de ser el favorito a ser el segundo no gusta a nadie, pero la idea que debemos transmitir es la de ganancia. ¿Qué gana el niño mayor con la llegada del hermano? Podrá jugar con otra persona, podrá hacer cosas solo que antes no se le permitían, ahora por la falta de tiempo le responsabilizarán de cosas de mayor.

¿Qué puede sentir nuestro hijo?

La llegada de un nuevo hermanito puede producir importantes cambios conductuales en el hermano mayor, incluso hasta producir regresión. Por ejemplo: niños mayores vuelven a exigir biberones, cuando ya lo habían abandonado o vuelven a succionar el pulgar o a orinarse en la cama. Además, pueden mostrarse tristes e irritables y aprovechar los momentos en que no son observados para agredir físicamente a su hermanito.

El razonamiento de estos niños es parecido al siguiente: "mamá prefiere al bebé porque es más pequeño", por lo que "si me vuelvo a comportar como cuando era bebé, seré nuevamente el preferido". Este problema, llamado comúnmente "Complejo de Caín" normalmente desaparece en poco tiempo, ya que el niño quiere volver a ser grande nuevamente para disfrutar de las ventajas de ser mayor, siempre y cuando ambos padres estén conscientes de que él también tiene necesidades de amor y caricias.

Cuanto más pequeño sea el niño, más notará la llegada del nuevo hermanito, más difícil le resultará superarlo, menos herramientas posee para manejar la nueva situación y adaptarse a ella (hasta los 6-7 años el egocentrismo es la nota predominante en su afectividad, y por ello le costará mucho ponerse en el lugar de los otros). Por otro lado, cuanto más pequeño, mayor es la dependencia con respecto a sus padres.

¿Cómo debo manejar esta situación durante el embarazo?

¿Cómo debo manejar esta situación después del parto?

A pesar de todo, los padres deben estar preparados para que su hijo sienta celos, hasta que se acostumbre a la nueva situación. Una vez que el niño supere las dificultades de la nueva etapa, se verá enriquecido por la nueva experiencia. La relación que establezca con su hermano le ayudará en la relación con otros niños.

Los celos son normales

Los celos son una manifestación emocional que se traduce en conductas absolutamente normales y esperables en el niño pequeño ante la llegada de un nuevo hermanito. Basta con ponerse en el lugar del niño que hasta ese momento ha recibido todo el afecto y la atención de sus padres con exclusividad. De repente, sus padres dejan de prestarle toda la atención… y el niño llega a creer firmemente que ha perdido el amor de sus padres.

El niño encuentra lógico (porque percibe una relación causa-efecto), que el nuevo hermanito le ha apartado del cariño de sus padres, que se ha convertido en un rival (sobre todo si ambos hermanos son del mismo sexo). Si a esto le sumamos las tendencias egocéntricas del niño pequeño, también absolutamente normales, y sus limitaciones para manejar este tipo de emociones complejas, el cóctel está servido.

Otro momento difícil llega curiosamente en el momento en que el hermano pequeño empieza a sostenerse en pie: como si el bebé, aceptado como un juguete no competitivo, se convirtiera en un rival peligroso una vez que pone los pies en el suelo. Una conducta y una palabras oportuna acentúan en este momento la diferencia entre las actividades del mayor y la poca habilidad del que, a pesar de todo, sigue siendo solo un bebé. A veces el hermano pequeño no se convierte en un rival y las perturbaciones aparecen hasta más tarde, cuando cobra su autonomía. Hay que tener mucho cuidado de no hacer distinciones en el tiempo que se dedica a uno y otro hijo y en la atención que se les da, aunque la forma de dar cuidados y protección sea diferente, muchas veces se escucha a padres que dicen a los hijos “es que en estos momentos tu hermano me necesita más”, hay que evitar decir esto, ya que el niño observará que si uno es menos autónomo, si no puede comer por si solo, si no controla esfínteres, etc., mamá está más tiempo con él. Así, la solución para obtener mayor atención es muy sencilla: tendrá una regresión a actividades que ya tenía controladas, como el control de esfínteres, para que mamá lo cuide a él igual que al hermano pequeño. Todos necesitamos del cuidado de nuestros padres siempre, independientemente de la edad que se tenga y de lo independiente que se sea.

¿Es normal que mi hijo haga una regresión?

Pueden aparecer en estos niños distintos síntomas: Desde agresividad hacia el hermano y otras personas debido a la rabia contenida que se canaliza por ahí, ignora al hermano o no le cuida cuando se lo ordenan, se muestra rebelde ante la imposición de límites y es desobediente con el fin de llamar la atención y de ser el centro.

Es muy habitual que realicen conductas regresivas en las primeras semanas para llamar la atención o preocupar a los padres como: volverse a hacer pis, no querer comer sólido, hablar de manera más infantil, etc, también son motivo de conflicto en el colegio peleándose más de lo normal o portándose mal en clase. Por otro lado se negarán a participar en cosas relacionadas con su nuevo hermano, no querrá ir al médico cuando sea necesario, ni al parque, se negará a cualquier cosa que signifique atención para el pequeño. Por supuesto no jugará con él ni participará en sus diversiones. Es normal también descubrir al hermano rebelde jugando con el pequeño o hablando con él cuando nadie mira, lo cual nos demuestra que no es más que una estrategia.

Las conductas más habituales suelen reducirse a llamadas de atención, (conscientes e inconscientes) como:

Indudablemente la existencia o no de otros hermanos es un factor determinante, pero aquí consideramos el caso más “grave” que es aquel que se produce con la llegada del segundo hijo.

Es muy frecuente que pase de ser un niño tranquilo para convertirse en desobediente, negativo y siempre demostrando oposición frente a las órdenes de sus padres. Se resiste a participar de las reuniones familiares, interrumpe las conversaciones de sus padres, y hace todo lo que sus padres dicen que no puede hacerlo.

También suelen mostrarse más sensibles y llorones, presentar dificultad para concentrarse, para prestar atención y que todo derive en una alteración en el rendimiento escolar. Otros niños empiezan a rechazar todo: se resisten a cepillarse los dientes antes de dormir, a comer, a salir de casa, a recoger sus juguetes, a hacer los deberes de la escuela, etc. Empieza a manifestar síntomas físicos como dolor de cabeza, dolor de tripa, etc., que pueden ser fingidos o no. Y en estos casos es necesario vigilarle de cerca.

Formas de actuación

Se deben evitar las comparaciones

Ten en cuenta que cada niño, cada hijo, cada hermano es diferente, y que por lo tanto necesitarán un trato y respuestas diferenciadas. Los niños deben aprender la existencia de estas diferencias, y así comprender que ser diferente no implica ser mejor o peor que…

Intentad no hacer comparaciones entre él y el hermano cuando esté delante, se lo tomará a mal y se sentirá menospreciado. Su mente lo interpretará como que antes todo lo hacía bien y ahora es su hermanito el que le hace la competencia. Con estos comentarios ayudaremos a que la competitividad entre hermanos sea mayor y se podrá alargar cuando sean más mayores.

 

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